Sin sentar cátedra: Adiós a la ‘milla de la decoración’ en Diagonal

Por: Ariadna Rousaud

El Edificio Metro 3 (AKA Edificio Habitat)

Entre las edificaciones emblemáticas de Barcelona (y por emblemáticas no me refiero a objetivamente hermosas), hay una que siempre me ha fascinado: el Edificio Metro 3. Tal vez se deba a su llamativo color granate; o a las dos tribunas semicirculares que rompen la continuidad de la fachada. Quizás sea por el respeto que me inspiran sus autores, Correa Milá Arquitectes, Federico Correa Ruiz y Alfonso Milá Sagnier; o simplemente por el encanto de su ubicación en la esquina de Tuset con Diagonal, donde los mitómanos de la modernidad no olvidamos el halo creativo que se concentró en ‘Tuset Street’ (cit. Oriol Maspons) a finales de los sesenta y principios de los setenta.

Construido entre 1982 y 1989, por el Edificio Metro 3 han pasado todo tipo de oficinas y tiendas. El local a pie de calle más codiciado, el esquinero, hacía años que estaba ocupado por la tienda de muebles y decoración Habitat, marca fundada en 1931 por la eminencia del diseño británico Sir Terence Conran. La tienda Habitat de Tuset fue uno de los gérmenes que conformaron la ‘milla de oro de la decoración’ en Avinguda Diagonal, junto a Pilma, DomesticoShop, Natura Casa, Maisons du Monde o Kave Home.

«La tienda Habitat de Tuset fue uno de los gérmenes que conformaron la ‘milla de oro de la decoración’ en Avinguda Diagonal, junto a Pilma, DomesticoShop, Natura Casa, Maisons du Monde o Kave Home.»

Para ser honestos, también cabe decir que hacía mucho tiempo que la tienda había perdido fuelle. Escasas novedades, exposición pobre y dejadez. A pocos extrañó, pues, que a principios de 2024 se anunciara su quiebra e inminente cierre. Desde ese momento, Merlin Properties, terrateniente del inmueble, se fregó las manos esperando la oferta del mejor postor.

El desembarco de MANGO

Y no tardó en llegar. En breve, la multinacional catalana de fast fashion MANGO se aposentará en tan envidiada ubicación. Adiós a la ‘milla de oro de la decoración’. Adiós a los ya casi imperceptibles resquicios de creatividad que irradiaba Tuset. Adiós, aquí también, a la singularidad de las calles de Barcelona.

Este desembarco de MANGO en el Edificio Metro 3 se sumará a las 28 tiendas que la compañía posee en la capital catalana. Una de ellas, curiosamente, está a tan solo 550 metros. Es decir, a 3 manzanas, 8 minutos a pie, 4 en bici. Juzguen ustedes mismos si esta nueva flagship era necesaria.

¿Qué aplauden?

La noticia salió en prensa hace unos días y Carlos Vila, director de expansión de MANGO, lo comunicaba orgulloso en LinkedIn. No lo critico. Él está contratado para esto y, por lo visto, lo está ejecutando genial. Es normal que se vanaglorie de su hazaña y lo notifique a bombo y platillo con un gran “¡Booooooooooom!” y hashtags tipo #seguimoscreciendo y #estovadepersonas (yo no lo acabo de pillar, ¿de qué personas va?). Allá a él con su Pepito Grillo y su contribución en fomentar la pérdida de identidad de una ciudad cada vez más homogénea.

Lo que me ha dejado atónita son los más de 800 aplausos, “me gustas” y comentarios peloteros que han hecho otras personas/seguidores. ¿Qué aplauden exactamente?

¿Vitorean la expansión innecesaria de una compañía que fabrica en India, Bangladesh, China y Vietnam? ¿Aplauden un modelo de negocio focalizado en la producción rápida e incesante de grandes volúmenes de prendas de ropa que, con toda probabilidad, acabarán en el vertedero de algún desierto chileno?

¿Celebran que Barcelona pierda su personalidad? ¿Que la Diagonal se convierta en una réplica de Passeig de Gràcia y Portal de l’Àngel? ¿Que hoy en día todas las metrópolis sean iguales? Regent Street, la Quinta Avenida, Rue de Rivoli, Via Torino… ¿en qué se diferencian unas de otras? Parece que solo en el pavimento. Por suerte, nuestras baldosas siguen siendo únicas. Agarrémonos a eso.

Cultura de ciudad

No me malinterpreten. No promuevo el inmovilismo. Todo lo contrario. Abrazo la evolución, la modernización y el avance de las ciudades. Pero… ¿es esto evolución, modernización y avance?

Llamémosle por su nombre: una trituradora de la historia, la diversidad y la cultura local. Porque eso es lo que hace la globalización. Triturar lo autóctono para agrandar la concentración de riqueza en un nicho de población cada vez más reducido. Mientras, paradójicamente, el pueblo aplaude.

«Llamémosle por su nombre: una trituradora de la historia, la diversidad y la cultura local. Porque eso es lo que hace la globalización. Triturar lo autóctono para agrandar la concentración de riqueza en un nicho de población cada vez más reducido.»

No he podido evitar pensar en Vinçon. «Creemos que hemos formado parte de una cierta cultura de la ciudad. Parece que este modelo ahora tiene difícil cabida», decía su comunicado en 2015, cuando la familia Amat anunció el cierre tras 74 años avivando la escena creativa de la ciudad. El edificio, proyectado en 1899 por el arquitecto Antoni Rovira i Rabassa, que perteneció al pintor Ramon Casas, está catalogado y es Patrimonio Arquitectónico de la ciudad. ¿Qué hay ahora? Inditex.

De la misma manera que mi abuela seguía llamando Casa Jorba al Corte Inglés, yo haré lo propio con el ‘Edificio Habitat’. Entonces explicaré a mis nietos que, aunque parezca mentira, hubo un tiempo en el que Barcelona era única. Existían sastrerías, colmados, tapicerías, zapateros, anticuarios, librerías, mercerías, granjas, chocolaterías, charcuterías, jugueterías, cererías, relojerías y hasta una discoteca de intelectuales modernos llamada Bocaccio.

 

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