Por: Carla García-Abadías
Van Stapele, conocida por sus deliciosas galletas de chocolate, ha dado el salto a un nuevo local más grande. Con un interiorismo diseñado por Studio Modijefsky, el nuevo espacio combina materiales como el mármol, el terrazo, la madera y el latón, con pequeños detalles mágicos. Su estética recuerda más a una joyería, que a una galletería. Eso sí, no ha perdido ni pizca de su encanto original.
Van Stapele y sus galletas de chocolate
Van Stapele lleva años horneando las que muchos consideran las mejores galletas de Ámsterdam. Hasta ahora, lo hacía desde una pequeña tienda ubicada en un discreto callejón. Locales y turistas acudían diariamente para comprar sus populares galletas de chocolate con leche rellenas de chocolate blanco, formando largas colas en la calle. El éxito ha llevado a Vera van Stapele a cambiar a un estableciemiento mucho más grande, situado a pocos pasos del original.
Un interiorismo de lujo
El interior de la nueva boutique ha sido diseñado por Studio Modijefsky, que se ha enfrentado al reto de mantener el carácter acogedor y encantador del local anterior. Para lograrlo, ha apostado por una paleta de colores que evoca los tonos del producto estrella: marrones y blancos cremosos. Estos colores se combinan con materiales naturales, como madera cálida y latón antiguo, creando una atmósfera que recuerda más a una joyería de alta gama que a una tienda de galletas convencional.
Destaca una gran pared de cristal a través de la que los clientes pueden observar todo el proceso de elaboración de las galletas. Además, las mesas de mármol donde se prepara la masa y una pared revestida completamente en latón antiguo añaden un toque de elegancia atemporal.
Una experiencia mágica
Visitar Van Stapele va más allá del simple hecho de comprar una galleta. Desde que se accede al local, el interiorismo transporta a los clientes a un universo mágico. Igual que una joya de diamantes, las galletas se colocan y se sirven con cuidado sobre un sistema de bandejas, conviertiendo la espera en una experiencia casi hipnótica.
Otro de los atractivos del nuevo espacio es el rincón dedicado a los más pequeños. Empotrada a una pared hay una máquina interactiva. Al insertarle una moneda, activa un divertido recorrido que culmina con un regalo sorpresa para los niños.
Historia en cada detalle
La atención al detalle es uno de los sellos distintivos de Van Stapele. Desde los espejos antiguos en el techo, hasta las baldosas de terrazo personalizadas que cubren el suelo, cada elemento ha sido cuidadosamente elegido para enriquecer la experiencia de compra. Uno se siente, como en una joyería. Incluso las colas tienen su propio encanto: mientras esperan, los clientes pueden admirar los techos adornados con lámparas suspendidas de cristal que iluminan suavemente el espacio.
Y una finura más: los temporizadores (reales) integrados en las paredes del horno.
El toque final
Apesar de su mayor tamaño, la boutique sigue manteniendo la intimidad y el encanto de su predecesora. Como toque final, la puerta principal está decorada con una enorme galleta de bronce que simboliza la perfecta combinación entre tradición y modernidad.

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