Por: Tania Duarte
Combinando tradición y modernidad, Polo Estudio reinterpreta el típico caserío vasco en una vivienda de 420 m2. Ubicada en los acantilados de Barrika, en Bizkaia, y con espacios que conectan interior y exterior, esta casa se convierte en un refugio en plena naturaleza.
Nueva visión del caserío vasco
Cuando imaginamos las construcciones típicas del norte de España, pensamos en edificaciones rurales hechas de piedra, madera y arcilla, con estructuras macizas y robustas. En este proyecto, Polo Estudio se inspira en esa esencia para reinterpretar el caserío vasco, dando forma a una vivienda de volúmenes simples y compactos que combina valores constructivos tradicionales con un enfoque moderno para un estilo de vida contemporáneo.
Muros portantes y hormigón
Los muros portantes de la vivienda simulan el modelo tradicional en su función como estructura y fachada simultánea. Sin embargo, en este caso, encuentran libertad frente a las restricciones propias del muro en cuanto al número y tamaño de los ventanales. Esas aberturas garantizan tanto la entrada de luz natural como la protección de los vientos del mar Cantábrico, asegurando privacidad y seguridad en los espacios interiores.
Los muros se integran perfectamente con el entorno natural gracias a su construcción en hormigón pigmentado con una tonalidad siena. Esta técnica otorga al material un carácter único y continuo que con el tiempo revelará gradualmente las huellas del paso del tiempo. Además, el diseño no busca ocultar las imperfecciones ni las marcas del encofrado, sino todo lo contrario. El proyecto pretende mostrar de manera sincera que la fachada es parte esencial de la estructura, y no un simple elemento decorativo.
Una casa de espacios intermedios
El porche tradicional multiplica sus funciones en este diseño, transformándose en tres espacios con niveles de privacidad creciente. En la fachada norte, un umbral resguardado da la bienvenida al hogar, ofreciendo protección frente a las inclemencias del tiempo y marcando la transición entre el interior y el exterior. En la planta baja, un amplio porche orientado al sur se convierte en el corazón social de la casa, un lugar abierto y lleno de luz. Por último, en el piso superior, una terraza íntima y apartada, invisible desde la calle o el jardín, emerge como un refugio privado perfecto para el descanso desde la privacidad.
Asimismo, en la fachada principal se destacan las capacidades estructurales del hormigón, donde actúa como una gran viga capaz de soportar un ventanal de 13 metros de ancho sin apoyos intermedios. Este elemento se convierte en un punto clave del diseño, conectando el salón comedor y la cocina con el exterior mientras enmarca las vistas de la casa, creando una relación fluida entre la vivienda y la naturaleza.
El diseño está en los detalles
El interior cuenta con una distinción natural entre zona de día, zona de noche y sótano. Ofrece un enfoque cuidadosamente orientado hacia crear armonía entre funcionalidad y estilo. Cada pieza de mobiliario y elemento decorativo contribuye a la creación de un espacio cálido y acogedor, empezando por el sofá que preside el salón, de Mario Ruiz para Joquer; y la mesa de centro en madera de roble de Vincent Van Duysen para Zara Home.
El toque final lo ponen los tres cuadros que decoran el espacio principal. Se trata de obras personalizadas de la marca local Dok Atelier, creados especialmente para este proyecto y aportando un toque artístico que enriquece el diseño global de la vivienda.
La cocina es una pieza clave en el diseño interior, ya que cuenta con una estructura de madera de roble diseñada por el propio Polo Estudio y fabricada de forma artesanal. Además, la isla central la rodean unos taburetes de roble macizo diseñados por Nathan Yong para Etnicraft, invitando a disfrutar de la cocina de forma social y desenfadada. Sobre la misma isla, una lámpara suspendida de AC Studio añade estilo y calidez.

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