Por: Ariadna Rousaud
La espectacularización del diseño
Otro abril sin asistir a la Feria del Mueble de Milán. No estuve este año, como tampoco el anterior. Y no por falta de interés en el diseño—al contrario—sino precisamente por respeto hacia él. La decisión ha sido tan consciente como deliberada. Podría justificar mi ausencia diciendo que no he recibido invitación por parte del departamento de prensa, lo cual es cierto. Pero sería solo una parte menor del motivo real. Si uno quiere ir, se busca la vida y va.
Lo que durante décadas fue el epicentro internacional del diseño contemporáneo, un espacio donde descubrir propuestas innovadoras, dialogar con creadores y entender hacia dónde se dirige la disciplina, ha mutado en un evento masificado, saturado y cada vez más alejado de su razón de ser. La feria se ha convertido en una plataforma dominada por la espectacularización, en la que las marcas de automoción, moda y lifestyle han desplazado el protagonismo de los verdaderos actores del diseño de mobiliario e iluminación.
Subirse al carro
La saturación de instalaciones, eventos y puestas en escena pensadas para generar impacto en redes sociales ha transformado la experiencia en algo agotador. El diseño ha dejado de ser el protagonista para convertirse en un mero pretexto. Las ‘rutas del diseño’ de antaño son hoy itinerarios caóticos donde la visibilidad prima sobre la calidad, la forma sobre el contenido, la imagen sobre el discurso.
Esta transformación se evidencia en la creciente presencia de marcas de moda que, con sus despliegues espectaculares, acaparan la atención y desdibujan el enfoque original de la feria. Los ‘big players’ actuales llevan el nombre de Louis Vuitton, Gucci, Miu Miu, Prada, Saint Laurent, Proenza Schouler, Loewe, Hermès, Versace, Fendi, Ralph Lauren, Tod’s, Longchamp o Jimmy Choo. Solo por citar algunos. Montan las instalaciones más vistosas, reconstruyen diseños de Charlotte Perriand, organizan clubs literarios y teatros, pinchan música muy alta y pintan muebles con aerógrafos. Iniciativas todas ellas muy loables, pero que desvían la atención de lo que históricamente era el leit motiv de la feria.
La silla FF Twist. Stefano Gallizioli x Fendi Casa
Milán me abruma
Ir a Milán se ha vuelto, en muchos casos, una cuestión de presencia y no de propósito. La necesidad de “estar” ha reemplazado la voluntad de descubrir. El FOMO—ese miedo a quedarse fuera—domina una escena que antes se definía por el pensamiento crítico, la curiosidad y la pasión por la disciplina. En su intento por abrirse a un público más amplio, la feria ha caído en la trampa de la masificación sin filtro: colas interminables de gente a la que el diseño le importa un pepino, espacios abarrotados, propuestas difíciles de experimentar en condiciones adecuadas.
Quede claro que acercar el diseño a la gente no solo es válido, sino imprescindible. La apertura, la divulgación y la voluntad de compartir son fundamentales. Pero hay una diferencia esencial entre comunicar el diseño y convertirlo en un producto de consumo masivo sin narrativa ni profundidad. El primero educa, conecta y amplía horizontes. El segundo factura y banaliza.
Joy Of Missing Out
En este contexto, he elegido el JOMO—la alegría de quedarse fuera—. Y no lo hago desde el cinismo, sino desde la serenidad. Observar desde la distancia me ha permitido recuperar una forma más pausada y reflexiva de entender el diseño. Conectar con él a través de otras plataformas, medios y encuentros donde todavía es posible hablar de ideas, procesos y visión sin tener que competir con el ruido.
No se trata de nostalgia. No todo tiempo pasado fue mejor, pero es necesario reconocer que cuando la forma desborda al contenido, algo se pierde. Y eso que se pierde es, precisamente, lo más valioso: la posibilidad de que el diseño sea algo más que superficie.
Confío en que Milán recupere su equilibrio. Que vuelva a ser un lugar donde las propuestas no se midan por su viralidad, sino por su capacidad de emocionar, cuestionar o mejorar nuestra relación con el entorno. Mientras tanto, celebro mi distancia como una forma de compromiso. Porque a veces, elegir no estar también es una forma de cuidar lo que uno ama.

Deja un comentarioCancelar respuesta