«El proyecto que me hace más ilusión es aquel donde el cliente nos valora», Edgar Cubiñá

Por: Ariadna Rousaud

Desde la Casa Thomas de Barcelona, emblemática obra modernista de Domènech i Montaner, Cubiñá distribuye mobiliario e iluminación de diseño contemporáneo. Décadas de experiencia avalan el oficio de una familia referente en la ciudad, que ha consolidado su showroom en el Eixample como uno de los ‘hot spots’ del diseño barcelonés. Acaban de abrir nueva división de distribución e instalación de cocinas y aprovechamos la ocasión para hacer balance y mirar hacia el futuro con Edgar Cubiñá.

Para Edgar Cubiñá no hay mayor placer que la satisfacción de sus clientes, muchos de ellos convertidos ya en amigos. Podría alardear de haber amueblado algunos de los proyectos más importantes de Barcelona, pero prefiere hacer hincapié en las relaciones personales. La vocación de servicio es su fuerte.

El showroom habla por sí solo. La madera restaurada de algunas paredes, la volta catalana de sus altísimos techos, los lucernarios que bañan de luz natural todo el espacio, la escalera de hierro forjado de la entrada y, por supuesto, esa impresionante fachada rehabilitada, conforman el escenario perfecto para una cuidada selección de firmas que nutren todos sus proyectos. Hasta el olor que desprende el showroom emana diseño.

Edgar nos recibe con una gran sonrisa, atento y predispuesto a hablar de lo que se tercie. Te hace sentir a gusto enseguida. Seguramente éste sea el secreto de su éxito: la proximidad.

 

Procedes de una familia que lleva el oficio en el ADN. Tu bisabuelo era ebanista y tú representas ya la cuarta generación. ¿Pensante que te acabarías dedicando al negocio familiar?

Pues no. Al contrario de lo que todo el mundo debe suponer, nunca lo pensé. Hasta el año 2016, yo había hecho una carrera profesional en el mundo de la hostelería. La empresa familiar la gestionaban mi padre con sus tres hermanos, que tienen sus consiguientes hijos. Éramos muchos los que podían plantearse el relevo generacional.

Todo ocurrió de forma muy natural. Cuando me incorporé, mi padre tenía 65 años. Era el menor de sus hermanos, que se habían ido jubilando y, con ello, cerrando las parcelas de negocio que llevaba cada uno. Se dio la oportunidad de comprar las participaciones de mis tíos y gestionar nosotros Cubiñá.

Por lo tanto, es cierto que es una empresa de tradición familiar, pero hoy en día no es una empresa familiar entendida como tal. La familia ya no está involucrada en la gestión, ni en el accionariado.

«Hoy en día no es una empresa familiar entendida como tal. La familia ya no está involucrada en la gestión, ni en el accionariado

Tu familia tenía la famosa tienda Muebles La Favorita, en un edificio del arquitecto Ramon Bernat, en la calle Urgell con Sepúlveda

Era un edificio muy singular de 13 plantas. Era como el gran Corte Inglés del mobiliario.

Despertaba cierta controversia por su fachada encofrada de fibra de vidrio amarillo. El periodista Lluís Permanyer lo incluyó en su libro «La Barcelona fea»

Era una fachada absolutamente controvertida. Tenía amantes y detractores. A mí, como todo lo que es singular, me gustaba.

A lo mejor ahora estaría de moda

Sí, cuando ahora la enseño a clientes y arquitectos gusta mucho.

Y de ahí, pasastéis a uno de los locales modernistas más bonitos de Barcelona, la Casa Thomas, obra de Lluís Domènech i Montaner. ¿Cómo fue este cambio?

Por aquel entonces, la zona de Muebles La Favorita tuvo unos años muy grises. Era antes de la reforma del Mercat de Sant Antoni. Teníamos dudas sobre si esa era la ubicación ideal. Esto se unió a la singularidad del propio edificio: era muy difícil actualizarlo, no permitía hacerlo más abierto, con más ventanas, más luz natural… Además, había que hacer una adecuación a nivel de plan de incendios que implicaba una inversión muy importante. Por eso se decidió vender. Nos quedamos una parte de él, y compramos la Casa Thomas.

Fue entonces cuando os centrasteis en mobiliario de diseño contemporáneo. ¿Por qué?

Cuando vinimos a la Casa Thomas, mis tíos todavía llevaban otras tiendas, algunas cerca (en Córcega/Muntaner). Para no hacernos la competencia, nos focalizamos en un mobiliario más contemporáneo y en un segmento más premium.

Fue una apuesta ligada al nuevo showroom, en un espacio emblemático que llama a hablar de diseño. Así que puestos a decidir estratégicamente hacia donde ir, cuanto más premium, mejor. No nos interesaba competir con IKEA, Kave Home, MADE, Maisons du Monde… No era nuestro mercado natural. Optamos por esta rama que, de alguna forma, ya tocábamos desde La Favorita. Teníamos mucha tradición, contactos, trabajábamos con firmas que querían estar en este nuevo edificio.

«Fue una apuesta ligada al nuevo showroom, en un espacio emblemático que llama a hablar de diseño. Así que puestos a decidir estratégicamente hacia donde ir, cuanto más premium, mejor.»

Aquí inicia la nueva etapa de la compañía, ya bajo el nombre de Cubiñá. En 2016 asumes la dirección de la empresa. ¿Cómo ha evolucionado desde entonces? ¿qué cambios introdujiste y qué balance haces?

Yo no tenía experiencia en el sector. Sé de gestión y de estrategia. Si queríamos tirar adelante, había que crecer en todos los sentidos. Ser menos “rehenes” de ciertos clientes y de ciertas personas de gerencia. Esto es un diálogo que tuve desde el primer momento.

Hemos pasado de ser una empresa muy unipersonal, muy centrada en mi padre y en algunas personas más, a una empresa más multidisciplinar, donde la gente tiene más capacidad de actuación. Cada persona ha cogido más responsabilidad. Tenemos la experiencia de gente que cuenta ya 30 años en el sector, con gente nueva joven y con ideas frescas y sugerentes.

«Hemos pasado de ser una empresa muy unipersonal, muy centrada en mi padre y en dos personas más, a una empresa más multidisciplinar, donde la gente tiene más capacidad de actuación.»

Teníamos una cierta reputación y una credibilidad. Teníamos solvencia. Hemos sido una empresa muy estable y lo que hemos hecho es actualizar, ampliar, tocar más puertas y ser más valientes a la hora de afrontar ciertos proyectos. Nos hemos abierto a más campos, hemos llegado a más clientes, hemos abierto mercados donde hasta ahora no entrábamos.

También hemos hecho un acercamiento muy importante al prescriptor. Hemos abarcado más ámbitos dentro de lo que es el interiorismo, al margen de lo que es propiamente el mobiliario. Ahora estamos emprendiendo nuestro camino con las cocinas.

Distribuís más de 200 marcas de diseño contemporáneo, tanto de mobiliario como de iluminación, algunas en exclusiva. ¿Qué criterio seguís a la hora de incorporar nuevas firmas?

La primera es que se pueda establecer una relación de interés bilateral. Es decir, si tú piensas que puedes llegar al mercado por otras vías, como internet, pues seguramente no tiene mucho sentido que estés con nosotros. Si tú lo que quieres es cerrar una operación de exposición, donde presentamos un conjunto de un sofá, una alfombra, dos mesitas y una librería, tampoco. En Cubiñá lo que hacemos es construir una relación estratégico-marketiniana-comercial para que esto se mueva, para que pasen cosas, que se hable de la marca, que tú me traigas clientes y yo te traiga clientes.

Siempre he huido de los grandes clásicos. Hay enormes firmas que ya están representadas. Algunas las tenemos nosotros, otras no; y no pasa nada. Hay mercado para todos. En cambio, he tenido el mismo o más interés por firmas más pequeñas, menos significadas, menos protagonistas, pero que tienen un diseño y unas ganas de hacer bien las cosas muy importantes.

Y, sobre todo, con un buen servicio posventa. Porque todo esto está muy bien, pero cuando ya has hecho toda la operación y el sofá llega con un defecto de tapicería, que puede pasar, el tema está en qué capacidad de respuesta tienes. Al final nuestro retrato como distribuidores es éste. Si das respuesta en 1 semana o en ocho. Y para esto necesitas partners al lado que te apoyen.

«He tenido el mismo o más interés por firmas más pequeñas, menos significadas, menos protagonistas, pero que tienen un diseño y unas ganas de hacer bien las cosas muy importantes.»

Con la llegada del e-commerce y el auge del made in China, proliferaron las copias de mobiliario ¿Hasta qué punto os afectan?

Siendo sinceros, seguro que más de lo que querríamos. No sé las operaciones que perdemos por este motivo, pero, en cualquier caso, lo que sí tengo claro es que nuestro público huye de esto. Él, o el profesional que le está llevando el proyecto, viene aquí porque sabe perfectamente lo que quiere.

En cuánto al contract, que es una pata muy importante para nosotros, al tratarse de grandes volúmenes, se va a buscar precio, y siempre hay más barato. Lo bueno, y que siga así, es que el contract que nosotros hacemos, muy centrado en restaurantes, hoteles y oficinas, es de uso intensivo. Esto implica que una silla muy mona, hecha con una madera asiática extraña que no tiene ni nombre, en casa te puede funcionar, pero en un proyecto contract es inviable.

Habéis completado proyectos de gran envergadura en el sector hospitality, horeca, workspaces… ¿Qué proyectos destacarías y cuáles te gustaría hacer?

Nosotros somos poco divinos. Hemos hecho cosas singulares. Ahora mismo, por ejemplo, acabamos de hacer todo el re-styling del lobby de Torre Glories, del que estoy muy orgulloso. Con Corachán estamos trabajando con PMMT Arquitectura para hacer toda la actualización de las instalaciones. Hemos participado con varias cadenas de restauración, haciendo el primer local y ahora vamos ya por el sesenta. Y esto da mucho orgullo.

Pero yo te diría que a mí el proyecto que me hace más ilusión es aquel donde el cliente nos valora. Da igual si es grande o pequeño. Por ejemplo, hemos hecho un pequeño restaurante Pla de Palau que se llama Rooster & Bubbles, con un chico muy joven de aquí y hemos hecho unas cosas de madera monísimas. Es un tío encantador, con el que nos hemos hecho amigos. Estos son los proyectos bonitos, cuando la gente confía en ti y surge la amistad. Esto me llena mucho más que el “he hecho esto o aquello”. Cuando el cliente viene, repite y te recomienda es precioso.

Además de distribuidores, producís mobiliario a medida en Osona. ¿Tuvo algo que ver el hecho de que tu bisabuelo fuera ebanista?

No. Siempre hemos estado en la parte de la fabricación. Es un tema de necesidades. Sobre todo, en proyectos contract, donde no nos basamos tanto en la firma, en la distribución de primer nivel, sino en la solución. El cliente que monta un restaurante necesita un banco corrido, una jardinera que separe, una barra especial, un mueble para dar soporte al camarero, una instalación determinada con unos carriles especiales… Es una necesidad que a veces queda en terreno de nadie. Aquí es donde entramos nosotros.

En el taller lo tocamos todo: madera, metal, pintamos, barnizamos, tapizamos. Lo hacemos todo allá, o alrededor del pueblo, donde tenemos varios industriales que son medio familia. El camión sale de allá con la pieza acabada, directa al montaje.

Vuestra última gran aventura es la incorporación del nuevo departamento de cocinas. ¿Qué os ha llevado a dar este paso?

El profesional que entra en una tienda de muebles sabe a lo que viene. Pero en el caso del particular, con un porcentaje muy elevado, cuando se plantea la reforma en su casa empieza por la cocina. La cocina es la puerta de entrada. Tiene sentido, pues, que le ayudemos en todo el proceso, que es lo que estamos haciendo ahora.

Hemos entrado en la aventura de la mano de Euromobil, que es una firma singular, importante, con mucha tradición. Llevamos la representación de mobiliario que tienen dentro del mismo grupo, así que abarcamos un abanico muy amplio a nivel de categoría de cocina, con marcas secundarias, para todo tipo de proyectos.

«Hemos entrado en la aventura de la mano de Euromobil, que es una firma singular, importante, con mucha tradición.»

¿Ofrecéis todo el servicio completo: diseño, instalación, electrodomésticos…?

Sí, todo. La cocina es la explicación de que nosotros te podemos ayudar en todo el proyecto de reforma si lo necesitas. En cuánto a los electrodomésticos, trabajamos con Miele.

  

Uno de vuestros lemas es “creer para crear”. ¿A qué os referís?

Es salir del ‘quiero una mesa y cuatro sillas para comer’ e ir al ‘me gustaría que este salón cogiera un aire a no se qué’. Hay muchísima oferta, fabricantes, modelos de mesa, acabados, materiales, detalles… No vamos a hablar de mesas porque te aburrirías, vamos a ver a qué aspiras, qué crees, qué visualizas. Y, partir de ahí, déjanos que hagamos un caminito y vemos si nos vamos encontrando. La aproximación viene de aquí.

¿Cuál es tu visión del estado del diseño en Barcelona?

Falta unión, falta iniciativa, a todos los niveles. Todos tenemos responsabilidad. Es un tema institucional que se tiene que apoyar con los empresarios y fabricantes. Y cuesta. Hay iniciativas, como Terrasza, que van más allá de Milán. Se pueden hacer cosas aquí.

Desde nuestra modestísima posición, nosotros siempre abrimos las puertas de la Casa Thomas al mundo, para presentaciones, charlas… Es nuestra pequeña aportación. Es una forma de entender que aquí se tiene que hablar de diseño. Falta una respuesta más conjunta, más aliada para hacer crecer esto.

Cubiñá. Carrer de Mallorca, 291, 08037 Barcelona

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