Por: Carla García-Abadías
Anna Truyol, fundadora de Artchimboldi, ha renovado la sede original de Artchimboldi en la calle Córcega de Barcelona, junto a la arquitecta Emma Martí. El rediseño busca crear un ambiente más luminoso, que fomente la creatividad de sus invitados. La recuperación de elementos modernistas como molduras y el mosaico Nolla, así como el uso de madera, cristal y puertas correderas crean el entorno perfecto para empresas que buscan espacios de trabajo singulares.
Artchimboldi cumple 20 años
Artchimboldi, creado por Anna Truyol en 2005, nació con la misión de transformar el entorno empresarial, humanizando los espacios de trabajo. Ahora, casi dos décadas después, ha sido completamente renovado con la colaboración de la arquitecta Emma Martí.

Feng Shui y flexibilidad
Situado en la Dreta de l’Eixample de Barcelona, el rediseño de la sede ha priorizado la luz natural y la calidez, combinando elementos modernistas originales con materiales contemporáneos como la madera de pino y el cristal texturizado.


La entrada, concebida como un cubo de madera de pino y cristal texturizado, es un guiño a la filosofía del feng shui, dando importancia al primer contacto con el espacio y permitiendo una transición suave hacia un ambiente creativo y acogedor.
Las puertas correderas y las guías vistas, también en madera y cristal, aportan flexibilidad al espacio, adaptándose a las necesidades de las reuniones y favoreciendo el uso de la luz natural en todo momento.

Modernismo catalán actualizado
Anna Truyol y Emma Martí han respetado los elementos históricos de la sede original, como las molduras y los suelos de mosaico Nolla, integrándolos con nuevos detalles que aportan modernidad y simplicidad. Además, se han eliminado falsos techos para ganar altura y amplitud, logrando un espacio más abierto y luminoso.


La combinación de materiales modernos y la conservación de detalles arquitectónicos originales convierte a Artchimboldi en un espacio que valora tanto el patrimonio como la funcionalidad contemporánea. Esta mezcla crea un entorno versátil y polivalente, perfecto para empresas que buscan un lugar de trabajo dinámico y cálido.


Mobiliario de diseño contemporáneo
El mobiliario ha sido seleccionado cuidadosamente para mantener la coherencia con la visión del espacio. Entre las piezas más destacadas se encuentran los pufs de Alki en la entrada, lámparas de Santa & Cole (TMD, TMC, GT7, Trípode, Cesta…), sillas de Ferm Living (Desert chair), la Butaca Plywood de Vitra, varias piezas de HAY y otras diseñadas por la propia Anna Truyol. Cada elemento ha sido pensado para ser funcional y estéticamente acorde al entorno, manteniendo la esencia de un espacio que busca ser tanto práctico como acogedor.

En la cocina, el papel pintado de Javier Mariscal (Tres Tintas) y el frigorífico Smeg aportan un toque único y personal, mientras que la sala Art Room y la galería destacan por sus diseños modulares y personalizados, en línea con la filosofía de Anna Truyol de crear piezas que fomenten la hospitalidad y el sentido de comunidad.

Espacios más flexibles y funcionales
Uno de los aspectos más innovadores del rediseño de Artchimboldi es la flexibilidad de los espacios. Las puertas correderas de madera y cristal permiten separar o integrar áreas según las necesidades del momento, facilitando tanto reuniones privadas como encuentros en grupo. Esto es esencial para las empresas que buscan un entorno adaptable que les permita organizarse de manera eficiente.

Además, el diseño del acceso a los baños y otros espacios de paso se ha optimizado para maximizar la luz y la fluidez, lo que contribuye a una experiencia más cómoda y natural para los visitantes.





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