Por Ariadna Rousaud
Ultra fast fashion o súper lujo. Nada en medio
El sector de la moda hace tiempo que ha visto las orejas al lobo. En el escalón más bajo, el ultra-fast-fashion ha desbancado al fast-fashion. El reinado de Zara y H&M se tambalea ante el crecimiento imparable de monstruos como Shein, Temu o Primark, quienes producen ropa y accesorios con la misma velocidad y durabilidad que un vídeo de TikTok.
Mientras tanto, el lujo tampoco está para tirar cohetes. Bernard Arnault, presidente del imperio LVMH (Louis Vuitton, Dior, Tiffany & Co, Moët & Chandon, Dom Perignon, Tag Heuer), el mismo ser de luz que afirmó «Mientras no sea el hombre más rico del mundo, no seré realmente feliz», ha perdido 52.000 millones de dólares en 2024. A ver, es un ‘perder’ relativo cuando tienes un saldo con más ceros que un gúgol, pero el mensaje está claro: el lujo se hunde.
Lo curioso es que, mientras esto sucede, existe un nicho en la punta más alta de la pirámide que brilla más que los Dimonds de Rihanna. Las ventas de yates, coches deportivos y jets privados van en aumento. Según un informe revelado por El Economista, se espera que en 2032 las embarcaciones de súper lujo superen las 7.000 unidades a nivel mundial. Por su lado, las ventas de Ferrari se han duplicado en la última década. y Lamborghini se forra personalizando deportivos con su servicio tailor made. Queda claro que la vulgaridad y el show off se les está yendo de las manos.
La realidad es que la polarización entre ricos y pobres es cada vez más acentuada. Por un lado, Shein triunfa vendiendo ropa que cuesta menos que un café. Por el otro, los yates y jets surcan mares y cielos ajenos a la crisis medioambiental. Y todo lo que queda en medio se desmorona, atrapado en un limbo entre Temu y Bugatti.
Diseño industrial, el nuevo hobby de las marcas de moda
Ante tal desesperación, las marcas de moda han decidido (por gusto u obligación) extender sus tentáculos hacia terrenos a priori ajenos, y el sector del diseño industrial ha resultado ser un caramelito.
Hermès lleva años participando en la Milan Design Week, un ámbito reservado, hasta hace una década, al diseño de mobiliario, iluminación, materiales y productos más o menos afines.

Insalación de Hermès en Milan Design Week 2022
No están solos. Ya son muchas -demasiadas- las marcas de moda que pretenden aprovechar la masificación de la semana del diseño industrial en Milán para meter la patita. En su intento por diversificarse, observamos atónitos algunos movimientos curiosos, que osaría calificar de intromisión.
Ya son demasiadas las marcas de moda que pretenden aprovechar la masificación de la semana del diseño industrial de Milán para meter la patita.
En MDW’24 Loewe presentó una colección de lámparas cuya impactante estética parecía más pensada para alimentar las redes sociales que para iluminar el salón de casa. Por su lado, la maison Saint Laurent decidió rescatar unas vajillas diseñadas por el legendario Gio Ponti en los años 50, y así tener ‘algo’ para formar parte de la MDW.

Lámapra de Andile Dyalvane para Loewe. Milan Design Week 2024

Colección Villa Planchart Segnaposto de Gio Ponti reeditada por Saint Lauren. Milan Design Week 2024
El caso de Bottega Veneta es especialmente jugoso. Su interés por el diseño industrial viene de bastante atrás. Durante los últimos años, la marca colaboró estrechamente con Gaetano Pesce, quien creó impresionantes escenografías para sus shows, además de coloridas sillas de resina (muy à la Pesce). Los presentes quedaron fascinados y las sillas se convirtieron en objeto de culto al instante. No esperábamos menos del maestro.
En su último desfile, Bottega Veneta reversionó el mítico puf Sacco de Zanotta, transformándolo en una serie de simpáticos animalillos. Y ahora acaba de rediseñar la lámpara de mesa Model 600 de Gino Sarfatti, creada en 1966, para Flos. ¿Espléndida? Sí. ¿Necesaria? Tengo dudas. Se me ocurren decenas de diseñadores industriales talentosos que darían un riñón por colaborar con Flos creando algo nuevo.

Suelo de resina y sillas de Gaetano Pesce en el desfile de Bottega Veneta. Milan Fashion Week 2022

Model 600 de Gino Sarfatti customizado por Bottega Veneta para Flos
Más fenómenos similares: el de Gucci. A principios de este año, Sabato De Sarno, su nuevo director creativo tras la salida de Alessandro Michele, lanzó la colección Ancora donde rescató cinco clásicos del diseño italiano del siglo XX firmados por Nanda Vigo, Gae Aulenti, Piero Castiglioni, Mario Bellini, Tobia Scarpa y Piero Portaluppi. ¿La novedad? El color “Rosso Gucci Ancora”.
En septiembre, De Sarno brandeó el legendario calendario Timor de Enzo Mari para Danese (1967) a modo de invitación para su último desfile P/V 2025.

Colección de mobiliario Gucci Ancora

Invitación para el desfile de Gucci P/V 2025
Crear vs brandear
Las empresas de moda de lujo están jugando a rediseñar, rescatar, reinterpretar, colorear o brandear clásicos del diseño industrial. Pocas veces nos encontramos con propuestas nuevas, donde la creatividad brote desde cero. Haberlas, haylas. Camper es un ejemplo. La compañía de calzado mallorquina ha colaborado ‘desde siempre’ con diseñadores industriales, tanto en la parte de diseño de producto (Jaime Hayon, Nendo, Cristian Zuzunaga, Jasper Morrison, Alfredo Häberli), como en la del interiorismo de sus tiendas (Kengo Kuma, Nendo, Doshi Levien, Michele de Lucchi, Jorge Penadés, Muller van Severen), con resultados que destacan por su inigualable creatividad.
Las marcas de moda de lujo están jugando a rediseñar, rescatar, reinterpretar, colorear o brandear clásicos del diseño industrial.

Tienda Outlet de Camper en Málaga diseñada por Jorge Penadés recuperando y reutilizando materiales encontrados en los almacenes de Camper
Otro mix interesante: el de Coperni con USM. Los parisinos ha utilizado los sistemas modulares de la firma suiza como telón de fondo y base estructural en varios desfiles e instalaciones que funcionan como piezas de arte y, al mismo tiempo, como un ejemplo de diseño funcional.

Instalación World Wide Home de Coperni x USM
Colaborar o invadir
A pesar de que sí existen algunas colaboraciones interesantes a nivel creativo, el intrusismo de las marcas de lujo en la industria del diseño está generando un guirigay un poco caótico. Virgil Abloh diseñó muebles para IKEA. Samuel Ross ha creado un inodoro para Kohler. Zara edita sudaderas con ilustraciones de piezas icónicas de Kartell. ¿Es que cualquiera puede diseñar cualquier cosa?
Tengo la sensación, además, de que estas colaboraciones son bastante unidireccionales (de moda a diseño industrial) y poco recíprocas. No me consta que haya muchos diseñadores industriales creando colecciones cápsula de ropa para Balenciaga o Prada.
Las colaboraciones no son malas per se. Generan curiosidad, contenido y, supongo, alguna venta. Pero casi todas estas iniciativas se inventan a la desesperada, sin ton ni son, para salvar un sector en crisis. No pueden ser solo un capricho de marketing. No nos lo pueden vender como algo espectacular cuando solo son reediciones brandeadas. Algo hay que replantearse si hasta un rapero como Kanye West se ha puesto a diseñar.




Deja un comentario