Reforma casa Cadaqués. Bea Portabella y Jordi Pagès

Luz mediterránea y memoria de piedra: la rehabilitación de una casa de pescadores en Cadaqués

Por: Carla García-Abadías

En el corazón de Cadaqués, uno de los pueblos más emblemáticos de la Costa Brava, una antigua casa de pescadores ha recobrado el pulso gracias a un proyecto de rehabilitación que combina sensibilidad patrimonial y soluciones arquitectónicas contemporáneas. Firmado por los arquitectos Bea Portabella y Jordi Pagès, el proyecto convierte una construcción en estado ruinoso en una vivienda luminosa, funcional y fiel a su historia.

Una casa con historia en el núcleo del pueblo

Situada en una plaza peatonal del casco antiguo, la vivienda forma parte del entramado urbano tradicional de Cadaqués. Construida hace más de un siglo, fue el hogar de un pescador del pueblo —probablemente vinculado a la histórica Confraria de Pescadors— y más tarde albergó un hostal e incluso una pequeña caserna de la Guardia Civil.

Este pasado polifacético se refleja en su estructura original: muros de piedra de medio metro de grosor, forjados de vigas de madera y una ‘volta catalana’ que aún resiste en la planta baja. Sin embargo, el paso del tiempo la había dejado prácticamente inhabitable. La rehabilitación requería no solo reforzar su estabilidad estructural, sino también redefinir su uso doméstico, manteniendo intacto su espíritu.

Reorganizar los espacios para ganar luz, aire y vida

La intervención ha reconfigurado por completo la distribución interior en sus cuatro niveles, con el objetivo de mejorar la habitabilidad sin perder el carácter original. En la planta baja, la ‘volta catalana’ se conserva como elemento protagonista en un espacio versátil: pensado para juegos infantiles o almacenamiento náutico. Un pequeño patio de nueva creación permite iluminar una estancia excavada en la roca, aportando frescura y singularidad.

En la primera planta se ubican cocina, comedor y salón, ahora conectados visualmente mediante nuevas aperturas en los muros de carga. Una gran abertura hacia el patio refuerza la relación entre interior y exterior. La luz natural fluye, y la ventilación cruzada convierte este nivel en el auténtico corazón de la casa.

La segunda planta acoge los dormitorios y baños, concebidos como refugios tranquilos. Finalmente, la tercera planta se abre al paisaje: una terraza con vistas al mar recupera el vínculo visual con el Mediterráneo, coronando la intervención con un espacio privilegiado de descanso.

Materiales locales, estética contemporánea

Uno de los pilares del proyecto ha sido el equilibrio entre tradición y actualidad en el uso de materiales. Se han recuperado elementos originales como las baldosas cerámicas, mientras que los muros se han revestido con pintura de cal blanca, una solución que remite al imaginario mediterráneo y favorece la transpirabilidad en climas húmedos.

La madera de iroko, cálida y resistente, se ha empleado tanto en carpinterías como en mobiliario a medida, generando un contraste intencionado con el blanco dominante de las paredes. El resultado: interiores sobrios, con carácter, que huyen del artificio.

En pavimentos y escaleras se ha optado por tova cerámica, un material tradicional que añade textura y continuidad visual. En los baños, el mortero de cal aporta un acabado natural, coherente con el resto del proyecto.

Una fachada que respeta el pasado

A pesar de la renovación profunda del interior, la fachada ha sido restaurada sin alterar su configuración original. Las carpinterías exteriores, en madera pintada de verde inglés, se han rehabilitado con cuidado. Este respeto por la imagen urbana del pueblo contribuye a mantener la coherencia estética del conjunto histórico de Cadaqués.

Lejos de buscar el impacto, la propuesta se integra de forma silenciosa en el entorno. La arquitectura se pone al servicio del lugar, sin estridencias, mostrando que la contemporaneidad puede ser compatible con la memoria y el arraigo.

Más allá de los aspectos técnicos o estéticos, esta intervención arquitectónica en Cadaqués se inscribe en una lógica de continuidad cultural. Al respetar los materiales, las proporciones y las soluciones constructivas tradicionales, la casa rehabilitada no se convierte en un objeto aislado, sino en parte viva del tejido urbano.

El valor de intervenir con conocimiento y cuidado

Detrás del proyecto se encuentran dos arquitectos con una sólida trayectoria. Bea Portabella, con despacho propio en Barcelona desde 2007, ha combinado durante años arquitectura, paisajismo y obra pública. Jordi Pagès, formado en Londres y premiado por el RIBA y el S.O.M. Prize, aporta una mirada internacional y un interés por el detalle constructivo.

Ambos comparten una aproximación rigurosa y sensible al trabajo con preexistencias. En esta rehabilitación, han demostrado que es posible actualizar una vivienda centenaria sin desdibujar su identidad.

Fotografía © David Zarzoso

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