Por: Ariadna Rousaud
Con cien ediciones a sus espaldas, el proyecto de la interiorista barcelonesa se consolida como un espacio coral donde el arte se vive desde la cercanía, con naturalidad, sin filtros, ni postureo.
“Movimiento en Blanco” nació hace más de una década en casa de Bárbara Aurell, interiorista y fundadora del estudio Espacio en Blanco. Lo que comenzó como un impulso personal se ha convertido en una plataforma de referencia donde artistas y público se encuentran en un mismo escenario, sin intermediarios ni formalidades.
En septiembre de 2025, Aurell celebró la edición número 100 de esta iniciativa, que ha reunido a un centenar de creadores y a miles de visitantes en torno a una misma idea: vivir el arte de forma auténtica y compartida.
El arte como vínculo, no como objeto
La historia de Movimiento en Blanco comienza en 2011, cuando Aurell decidió abrir las puertas de su propia casa para invitar a un artista a crear sin condicionantes. Su intención era sencilla, pero poderosa: acercar el arte a las personas, sin la distancia que imponen las galerías ni la presión del mercado.
Cada encuentro se convertía en una conversación entre creador y visitantes. Los muebles se movían, las paredes cambiaban, y el hogar se transformaba en un escenario vivo.
“No era una exposición al uso, sino una forma de compartir el proceso” – Bárbara Aurell.
El proyecto creció con naturalidad, impulsado por la curiosidad y la pasión de quienes participaron. Con el paso del tiempo —y tras la pandemia—, el formato se trasladó al estudio de la interiorista, en la calle Martínez de la Rosa, 16, del barrio de Gràcia, donde la experiencia se amplió a convivencias artísticas de un mes. Lo que no cambió fue la esencia: la libertad creativa y la conexión humana.
El proyecto no busca vender ni exhibir, sino propiciar un entorno de confianza entre el artista y el espectador. “Cuando no hay comisiones ni intereses, el diálogo cambia”, recuerda Aurell. En ese contexto, el arte se despoja de artificios y se convierte en una experiencia compartida, íntima y honesta.


Cien artistas, cien maneras de mirar
En sus cien ediciones, Movimiento en Blanco ha acogido una diversidad de propuestas que reflejan el pulso del arte contemporáneo. Han pasado por sus paredes autores emergentes y consolidados, sin distinción ni jerarquías. Aurell nunca ha seleccionado por nombre ni trayectoria, sino por la autenticidad del gesto artístico: «por esa energía genuina que se percibe cuando alguien crea desde la necesidad interior y no desde la estrategia.»
Entre los participantes figuran nombres como Bea Sarrias, Bruno Ollé, Vall Karsunke, María Leach, Paula Bonet, Jimmy Millán, Regina Giménez, Mikel Belascoain, Lara Costafreda, Emma Clarós, Marcela Gutiérrez o Marina Milá, junto a jóvenes talentos que encontraron en este espacio un primer impulso para mostrar su obra. Muchos de ellos han desarrollado después carreras sólidas en el panorama artístico, algo que Aurell observa con orgullo y gratitud: “Ver cómo crecen quienes comenzaron aquí es un privilegio”, afirma.

El arte que sucede cuando alguien se atreve
La edición número 100 de Movimiento en Blanco se presentó como un homenaje al acto de crear. No hubo una temática cerrada ni una consigna estética: solo la invitación a sacar lo salvaje y lo verdadero, a dejar que el arte ocurra sin miedo ni juicio. Sobre un gran lienzo en blanco, envueltos en telas de Güell Lamadrid, los asistentes participaron en la creación de una pieza colectiva cuyo lema era la libertad absoluta: be yourself.
Más que un evento, Movimiento en Blanco es un recordatorio de que el arte no pertenece solo a los museos o a los coleccionistas. Habita en las casas, en los talleres y en cada gesto creativo cotidiano. Es, en palabras de su creadora, “un movimiento que nos invita a mirar sin prisa, a escuchar con atención y a recordar que todos llevamos un artista dentro”.

La edición 100 no marca un cierre, sino una continuidad. Una invitación a seguir en movimiento.



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