Por: Redacción
El restaurante Salt, en el icónico hotel W de Barcelona, estrena diseño firmado por Sandra Tarruella Interioristas y Olga Pajares. La propuesta, muy mediterránea, aúna funcionalidad, naturalidad y un bello juego de texturas.
Con vistas al mar y una ubicación privilegiada en la playa de la Barceloneta, el restaurante Salt renace con un diseño interior que refleja la esencia del entorno. El estudio de Sandra Tarruella Interioristas, en colaboración con Olga Pajares, ha reinterpretado este espacio polivalente, situado en el hotel W Barcelona, con una cuidada selección de materiales naturales y una hábil combinación de texturas.
El nuevo Salt no es solo un restaurante: también funciona como sala de desayunos para los huéspedes del hotel y como espacio para eventos. La solución proyectual se articula en torno a esa versatilidad, con una estética cohesionada que permite una transición fluida entre los distintos momentos del día.


Interior y exterior, un solo paisaje
Una de las claves del proyecto es la fusión entre el interior y el exterior. Para potenciar esa conexión con el mar y con el paseo marítimo, el equipo de diseño elevó el pavimento interior, de forma que los comensales puedan disfrutar de las vistas incluso desde dentro. Las carpinterías acristaladas y plegables refuerzan esa continuidad, eliminando barreras visuales.
En la terraza, una pérgola de madera y fibras naturales de Pont de Querós crea un ambiente protegido del sol. Esta estructura se extiende hacia el interior, haciendo que ambos espacios se perciban como uno solo. La idea es diluir los límites, dejando que el restaurante respire al ritmo del entorno.
Una envolvente natural
El conjunto se presenta como una caja arquitectónica en color arena, mimetizada con la playa. El pavimento, ejecutado en micromortero, recuerda a la arena húmeda del mar. Sobre él, alfombras de microterrazo continuo zonifican las áreas de mesas y aportan un contraste táctil y visual.
El techo acústico, con textura marcada y cortinero perimetral, integra las instalaciones de forma limpia. Todo el espacio transmite naturalidad, calidez y luminosidad. La atmósfera general se inspira en los colores y materiales del paisaje mediterráneo, sin artificios innecesarios.

La textura como lenguaje
Uno de los elementos más distintivos del restaurante es su uso expresivo de la textura. Desde las piezas de barro manual que visten la pared curvilínea, hasta las lámparas de barro cocido de Mallorca, cada material ha sido elegido por su carácter táctil y orgánico.

Las dos barras, de formas orgánicas, funcionan como anclaje del espacio. Sobre ellas se despliega una intervención escultórica inspirada en la rosa del desierto, desarrollada en colaboración con el artista Ramón de los Heros. El material creado específicamente para este elemento remite a la piedra natural, con un acabado que atrapa la luz y refuerza el carácter matérico del conjunto.


Funcionalidad con identidad
La distribución del mobiliario ha sido pensada para adaptarse a los diferentes usos del restaurante. Los bancos perimetrales, integrados en obra y realizados en el mismo material que el pavimento, conviven con asientos de madera modular, jardineras móviles y muebles auxiliares en iroko o baldosa vitrificada.
Durante los desayunos, estos elementos sirven de soporte para un buffet descentralizado que separa dulce, salado, bebidas y cafés. En comidas y cenas, se transforman en mesas comunales o piezas de apoyo. Esta flexibilidad permite activar el espacio sin sacrificar la coherencia estética.

Una paleta mediterránea
El uso de materiales nobles es otro rasgo destacado del proyecto. La madera, la piedra natural y los textiles estampados en tonos suaves de Les Créations de la Maison se combinan con una vegetación mediterránea exuberante, que refuerza la identidad del lugar.
La iluminación juega un papel esencial. Puntos de luz dirigidos sobre las mesas crean escenas íntimas, mientras que las lámparas artesanales aportan calidez y singularidad. Cada rincón ha sido concebido como parte de una narrativa que se despliega desde el paisaje exterior hasta los detalles constructivos.
Salt se convierte así en un espacio de transición entre la ciudad y el mar, entre la funcionalidad hotelera y el confort de un restaurante con alma. Un proyecto que no necesita artificios para destacar y que encuentra su fuerza en la honestidad de los materiales y en una ejecución cuidadosa.




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