Por: Ariadna Rousaud
Del 30 de julio al 17 de agosto de 2025, el arquitecto y artista Xevi Bayona, de Bayona Studio, convirtió el Pabellón Mies van der Rohe en Barcelona en un escenario inesperado al instalar en su techo los objetos cotidianos de su madrina. Una propuesta poética que alteró la percepción del espacio y abrió un diálogo entre memoria, domesticidad y arquitectura.
Un gesto artístico que ‘capgiró’ el Pabellón
Durante tres semanas de verano, el Pabellón Mies van der Rohe dejó de ser solo un icono del Movimiento Moderno para transformarse en un espacio habitado desde otra perspectiva. La intervención de Xevi Bayona, titulada La Padrina y las pertenencias de la domesticidad, consistió en instalar más de veinte objetos personales sobre el techo del edificio, como si se tratara de una casa suspendida.

El título de la propuesta hacía referencia a Josefina Camó Valls, conocida como Pepi, madrina del artista. Nacida en 1927 en Olot, aproximadamente en la misma época en que se proyectaba el Pabellón, Pepi fue bordadora de profesión y permaneció soltera durante toda su vida. Su legado se materializó en piezas domésticas como una cama, un perchero, una lámpara o un conjunto de mesa y sillas que, al situarse en el techo del Pabellón, desafiaron la lógica habitual del espacio y propusieron un juego de miradas.
Objetos cotidianos en un contexto radical
El gesto de trasladar los enseres de un hogar convencional a un icono de la modernidad arquitectónica funcionó como un ejercicio de contraste. La instalación generó un efecto de simetría invertida que recordaba a una “ciudad invisible” de Italo Calvino, donde el mundo de arriba y el de abajo se ponían en diálogo.
La contraposición entre los muebles cotidianos y la pureza geométrica del Pabellón trazó una línea horizontal simbólica: cielo y tierra, lleno y vacío, el suelo blanco frente al techo de travertino. A través de este contraste, Bayona planteó preguntas sobre qué significa habitar un espacio y cómo la domesticidad se construye a partir de los objetos personales.

Una reflexión sobre memoria e identidad
Más allá del efecto visual, La Padrina y las pertenencias de la domesticidad exploró conceptos universales como la memoria, la identidad y la relación entre vida y muerte. La instalación se entendió como una mudanza temporal que otorgó al Pabellón una dimensión inesperada: la de un hogar posible, construido con las huellas de una vida concreta.
«La arquitectura puede hacer que el espacio se vuelva doméstico para ser habitado. Es precisamente el propio habitante quien, para hacerlo doméstico, se vale de sus pertenencias; propiedades personales en forma de muebles y objetos en los que deposita el alma para guardar un pedazo de su mundo»_ Xevi Bayona.


Un ciclo de intervenciones que mantiene vivo el Pabellón
La instalación de Bayona se enmarcó dentro del programa de intervenciones artísticas impulsado por la Fundació Mies van der Rohe. Estas propuestas temporales permiten reinterpretar el Pabellón, construido originalmente en 1929 por Ludwig Mies van der Rohe y Lilly Reich para la Exposición Internacional de Barcelona. Desde su reconstrucción en 1986, el edificio acoge cada año nuevas miradas que lo mantienen vigente como espacio de reflexión cultural y arquitectónica.
En esta ocasión, la presencia de los objetos domésticos de Pepi convirtió el Pabellón en un territorio compartido entre lo íntimo y lo monumental, demostrando que incluso un icono de la modernidad puede albergar la memoria de lo personal.

Un cierre cargado de simbolismo
El 17 de agosto, la instalación llegó a su fin. Los objetos regresaron a su lugar original, pero el recuerdo de la intervención quedó en la memoria de los visitantes. Durante tres semanas, el Pabellón se mostró al revés, como una metáfora de la vida doméstica trasladada a un espacio universal.
Con La Padrina y las pertenencias de la domesticidad, Xevi Bayona ofreció un ejercicio artístico que amplió las posibilidades de lectura del Pabellón Mies, recordando que la arquitectura no solo se mide en planos y materiales, sino también en la capacidad de acoger historias personales y de despertar nuevas interpretaciones.




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